sábado

           
- ¿ Te gusta el café?
- Tengo una plantación de café en los nervios.



Pero la mía no estaba tan bien adornada, tan llena de colores, de esos que llaman exóticos, mezclados entre posibles palabras.
Ordenados, me imaginaba por número de viajes, de manos y ojos negros. Intenso. Algo parecido a la sed.

Prisa.
Prisa por las ganas,
ganas de volver,
de volverlo a sentir,
a ser grupo,
otra vez.

¿Pero qué cojones es la lírica? me pregunto mientras la respuesta efectiva, sale a encontrarme.
La aparto, ¡esa no sirve! esa no me resuelve...

Al lado de los descansos y la necesidad de motivación, aparece lo inevitable, una terraza, y ya la casa se perfecciona.

Una terraza unida a la tierra, un entresijo de árbol, de cosa, de qué sabemos yo, la amarra, la sujeta fuerte, con pretensión de pertenencia, de saberse dependiente de ella, la imagino llorando a veces, de intensidad.
Darío es nerviosismo, hace sonreir, esa hiperactividad moviendose en zapatillas de andar por casa, haciendo fuerza con los piececitos, en los que hay deditos, para mover esa pesada carga de un lado a otro. tranquilidad que quedará, a base de nerviosisimo del momento.
Sigo mirando a la terraza, cual voyeur, siguiendo de cerca los movimientos de ese rizoma intentando llevarse a la terraza, bajarla consigo a su nido, a sus escombros. ¿¡Pero a dónde vas?! ¿No ves que la podemos compartir? (¡so grosera!) esto último no se lo digo, que sé, seguro, perderíamos la razón.

Me imagino, la de vida, la de plenitud! que este refugio genera. ¡Si hasta hay un almendro en flor! Pero Darío sigue corriendo, acelerando el corazón de la casa, con la picadura del almendro floreciéndole en la piel.

- ¿ De qué color es Darío?
- Diría que Judio.

y hay un leve espacio, en el que el pensamiento cesa, para, deja de intentarlo, de su autoritarismo.
Se rinde, un ligero momento, y, entonces,
entonces es cuando entra la brisa por la ventana, guiando a la música, hasta chocarse, con el mar de rizomas, de eso que parece guiarme a mi, ese árbol que me apresa universos (intentando llevarse la terraza).

Se crea una corriente, golpea, hace bien,
(me hace bien)

El concierto comienza, no sino con titubeación
(mía, acaso)

Aparece la supuesta lírica,
(que sí, lo acepto, lo es.)

El buscarle forma de... el intentar... no, no va de eso, no va de hablar, siquiera de pensar, toca observar, no más.
Toca perderse, perderse en el sentimiento, ese que no sabes cuál es.
No importa, ya nos encargaremos de colocarlo después.

Los judios son verdes? NO! entonces por qué van de verde?

Aquí, los que no cantan hablan, y sobre qué? y siempre hablar,
y cuándo escuchar!

Canta, le sale algo que parece venir de dentro, ¿de dentro de dónde?
No sé, pero ahí está, saliendo de dos sitios a la vez, del hombre y de la máquina que le agranda.
Ocupa toda la sala, lo oigo, es-son máquinas hombre,
¿querrán gobernarnos con su superioridad?

Pero la lírica es sentimiento! para qué hablar tanto de ella sin él??
sin casi pretexto...

Aparece una incapacidad, del 90% diría, por eso de acotar nunca está de más. (dotar de realidad)
Cómo, dejar de no estar ahí, aunque ahí no se sepa dónde es, y por eso pueda entrallar miedito, qué sé yó.
ese posible espacio creado en una pequeñita sala, de un pequeñito lugar, convertido en otro yó qué sé qué, el cual, esta vez, no me apetece acotar.
ni lo más mínimo.

Se están dando cuenta, verdad? Los que estamos, lo estamos sintiendo, verdad?
esto, que sea lo que yo no sé, en fin, eso, o sea, esto. eso. Esto.
ESO ES.

Gracias, gracias Lucía, por haberme traido, por haber aguantado, casi apresádome a quedar.
y estar ahora aquí, aunque sabemos, cuando acabe, desaparezcas.


Follable, joder, de orgasmos diría, estos hombresmáquina, - Mario, Javi, Darío, Sergio, Manero- dejando salir sus cosas, sus cosas por una abertura, que dejan fluir por los cables, para llegar a los amplis,
-estarán preparados? ¿se harán buen cargo? ¡qué de responsabilidad!-

y ya salidos de estos, reventará contra alguien?




follable, a modo de conclusión.
aunque no sé en qué dimensión.




                                                                        (The) Living Peas - 
                                                 Concierto Viernes 16 Marzo 2012
                                                                                     Facebook
                                                                  (por eso de concretar)








PD: Alguien llamaría a su hija Lírica?, pronunciándola como Érika?

7 comentarios:

Lucía Cenefas dijo...

(Me permito el privilegio de pega corta torta lo que le ha salido a Sara toumas después de leer la entrada

http://pajaritascattleya.blogspot.com.es/ )

No saber. Y por no saber nada, saber todo.

Es maravilloso. Estoy completamente extasiada por la incertidumbre que me produce leerte. Siempre me evocas. A mí y a algo más. Siempre algo diferente. Algo distinto. Diáfano. Pero hoy no. Sorprendentemente cristalino. Transparente. No sé qué pensar, ni qué decir. No sé qué sentir, ni si quiera qué advertir. ¿Acaso no sepa ni qué leer? Llega a ser conmovedor, sin serlo del todo. Tranquilo, sin necesidad de respirarlo. Difuso, como si tuviese miopía. Realmente, y aunque ahora esté ordenando toda esa nada de sentimientos, no hay. No existe. ¿Indiferencia? Si quiera un atisbo, pero ni aún así.
Y entonces, ¿qué hacemos? No sé qué debo sentir. Así que prefiero no hacerlo…
¡Pero es imposible!, ¡inevitable!, ¡inaguantable! Dímelo. Dime qué debo. Dime lo que sea. Pero dime. Aclárame. Aclárame despacio. Hazme escultura. Cuéntame con cada verso. Acaríciame la cara. Pero evócame. No me dejes llena. Ni si quiera vacía. Es fácil: sólo no me dejes. Porque si lo haces… ¡oh no! ¡no quiero ni pensar qué pasa si me abandonas a la inmensidad de mi ser! Aunque, tal vez, no sea tan enorme. Tan sólo un pequeño espacio (ni si quiera mío) de retales que recubren las paredes. De trozos de colchas viejas, deshilachadas, descubiertas.
No puedes hacerme esto. No puedes dejarme a la intemperie. Debes decirme qué debo sentir, y cómo debo sentirlo. Con qué intensidad, con qué color, con qué palabras, con qué pincel. Con qué ojos y con qué boca. Pero debes decírmelo, porque si no… si no, no lo sé.
No sé qué eres, ni quién eres. Qué quieres decir, ni que quieres callar. No sé si eres rosa, verde o blanca. No sé, si acaso debieras ser colibrí o libélula. Van Gogh o el pintor deambulante de la plaza de sol. Blanca o Lucía. Ciertamente indefinida. Zapatos. Pies. Cigarrillos. Nubes. Terrazas (que eso sí a quedado claro… o tal vez no) Pasillos. Música, teatro, danza, canto. Gotas. Agua. Luna. Charcos…
Te presentas más clara que nunca. Y, más que nunca, opaca. Silenciosa. Expectante. Admirando. Enamorando. (te). Pequeña. Traviesa. Tranquila. Utópicamente feliz.
Te presentas escasa. Escasa me dejas al leerte. Categorías, palabras, retóricas, bla, bla, bla. Pero siempre escaso. Nunca completo. Así que, después de intentar poner orden en ti, en mí y en tus palabras, me quedo como estaba. Sentada. Mirando. Sin saber. Y por no saber nada, sabiendo todo.

Apuliuyeah dijo...

Bonito nombre, la verdad

UnexplaUnable dijo...

Me gusta. y me apetece recomendarte un libro después de haberlo leído: velocidad de los jardines, de Eloy Tizón.

Lucía Cenefas dijo...

y a mi me encanta que me recomiendes cosas. oye, y dónde lo encuentro, que me suena a escritor poco encontrable (gracias)

UnexplaUnable dijo...

pues en la FNAC anda, aumque suene a anónimo total. de rien!

puliyeah dijo...

O te lo deja la Apulius

Lucía Cenefas dijo...

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