Dos grandes prejuicios;
A los chicos rubios y de ojos azules que sean españoles
Y a los
Anteriores que sean tricantinos,
Esos ya ni agua con sal.
Llevaba toda la tarde en el ordenador
Y toda el día pensando
Y sabiendo
Que no era de vuelta
Aquello que pensaba.
Que otra vez se metía en suspiros vacíos del otro.
-Pero al menos lo sabía-
El final estaba perdido; siempre lo había estado. Le quedaba
el camino (yavestú)
No sabía si le
importaba o no, tampoco si eso de si le importaba o no, le importaba en el
fondo.
Sabía que podía recibir cualquier respuesta,
Las esperaba todas,
No se asombraba.
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