Entonces supimos que en el calabozo estaba encerrada una paisana que, por lo visto, era comunista. Millán Astray la mandó sacar y desde un lugar visible, supongo que sería el balcón del ayuntamiento, nos echó una arenga sobre el Glorioso Movimiento Nacional. A continuación dirigiéndose a la mujer, una aldeana enlutada, le dijo con énfasis: << ¡Mujer, yo te perdono!>> La paisana, que se pensaría que la habían sacado para pegarle dos tiros, que en aquellos días de todo podía ocurrir, se puso de rodillas y besó agradecida las manos del glorioso general, con lágrimas en los ojos. El pueblo prorrumpió en aplausos, enfervorizado ante tanta
magnanimidad, y mi hermano Alejandro decidió alistarse en el ejército,
- ¿ Pero que edad tenía ? - le pregunto desconcertado, pensando que he perdido el hilo del relato.
- Seis años. Pero por aquellos días creíamos que a mi padre le habían fusilado en Madrid, y Alejandro cogió la bicicleta y se presentó en un cuartel de la Legión, que había en Astorga, y dijo al centinela que se quería alistar porque a su padre le habían asesinado los rojos.
- ¡ Fantástico! - digo yo.
- Disparatado - me aclara Juan Antonio, que siempre que habla de Alejandro es una mezcla de cariño y pesadumbre. La noticia de su intento de alistamiento se corrió y acabó enterándose hasta Franco, ya que mi madre había sido compañera de colegio, en Oviedo, de su mujer, doña Carmen, y Franco le hizo llegar un gorro cuartelero, con el emblema de capitán general. Alejandro no se lo quitaba ni para dormir, y los oficiales, en Burgos, se cuadraban delante de él.
Vallejo-Nágera.
2 comentarios:
Dios, de qué libro, me ENCANTA así con todas las letras mayúsculas Vallejo-Nájera, pero no sé de dónde es esto.
Es de su biografía (L) [La puerta de la esperanza] título un poco...
pero sinceramente, me quedo con su hermano, con alejandro, prototipo de HOMBRE
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